domingo, 24 de junio de 2018

Llendelafaya -Collada de Aciera (Proaza)


Llendelafaya
Este lugar  que apenas fue poblado más que por leprosos. Se halla en el Concejo de Proaza, casi en el alto de la Collada de Aciera que separa los concejos de Proaza y Quirós,  y al borde del antiguo que constituyó la única comunicación  ente estos concejos hasta el pasado siglo en que fue posible trazar una carretera adyacente al río,  gracias a la apertura de Peñas Juntas. En la actualidad debe hacer más de cien años que los caseríos de Llendelafaya  carecen de habitantes. La población del coto de Llendelafaya según censos de 1594 y 1745, nunca pasó de los seis malatos existentes  en el hospital de San Lázaro.
Llendelafaya, es un bello lugar que actualmente es remoto e intransitado, diez o doce caseríos abandonados, que la niebla frecuente del atardecer, adquieren cierto aspecto sobrecogedor. Uno de ellos, unido  a la ermita debió ser el principalmente habitado por los malatos; hoy es sólo una cuadra cubierta cubierta en su extremo oriental por la bóveda de la capilla. Los otros edificios, pajares y cuadras, están probablemente igual que los vieron los últimos malatos. Jovellanos señala en sus Diarios haber pasado por este lugar el 4 de junio de 1792: “se sube mucho y continúa viendo a una y otra parte bien cultivado el suelo hasta donde está la peña descubierta. Coto de Llende la Faya, antigua malatería, hoy perteneciente al Hospicio, con dos vecinos, ambos jueces, nombrados por Proaza y Quirós, y un cura que vive en Proaza y no ejerce.  Hospitales de leprosos en Asturias durante las Edades Media y Moderna. J. Tolivar Faes.-

El perlindango
Es un baile muy antiguo  que bailan las viejas de Cudillero. Y dicen que tomó su nombre de un mandil que usaban antiguamente  con el traje de fiesta, las aldeanas de aquel concejo.
Para bailar el perlindango se cogen por las manos y giran formando rueda mientras  cantan la estrofa. Y se sueltan para cantar el estribillo al mismo tiempo  que cogen el mandil y lo mueven acompasadamente de un lado a otro.
Las canciones del perlindango son todas picarescas.
ESTROFA
Pobres marineros 
tristes y afligidos
les vuestres muyeres
con otros maridos.
ESTRIBILLO
Perlindango, dango
perlindango dingo,
ese perlindango, dango,
tráxolu el mió Mingo.
ESTROFA
Si vas al molino 
la noche de novia,
mira  no tropieces 
en la talandoria.
ESTRIBILLO
Perlindango, dango,
perlindango, dingo,
ese perlindango, dango,
tráxolu el mió Mingo.
Del Folklore de Asturias.  Aurelio de Llano Roza de Ampudia.-

L´andecha
Con mesories y dedal
y del costazu colgada
la chaqueta y canturriando
per alredor de la Faza
van llegando coyedores
co´ la pelleya tostada
po- ´el calor de la ´estación,
que tantu sudor i os saca.
Deltras, col macón  terciadu,
les moces de la barriada,
sin quedar una siquiera,
lleguen cantando con gracia;
´l amu llega algo más tardi,
trayendo seria la cara
porque no  i convién rise 
po ´l interés de la casa.
-Bones tardes, tíu Xuanín,
dicen todos, algu tarda-

-¡Hola!- diz él- tardé un pocu
Porqu´ el reló  de campana
paróse por faltái cuerda,
siendo ya de madrugada
y hasta las dos de la tarde
non golví a ponelu  ´n marcha.
Por eso me descuidé 
en salir de la quintana.-
-Bueno, Xuan,- diz un mozucu,
-Díganos per ú se entama.-
¡Repuño! eso allá vosotros,
per onde vos dé la gana.
A min lo mesmo me dá,
-diz Xuan, -yo lo que se faiga,
quiero sí, facelo bien
porque si hoy non s´acabara,
bastantes dís nos da Dios
pa´que coyamos la Faza.-
-Bueno, al payar, caballeros,
y poques plátiques, mialma,
-diz un coyedor de nota-
vamos a ´ntamar con  gracia,-
Y al ruxir de les mesories,
y  al restayar la paya,
y al ruidu  de los macones,
y  al cantar d´una garganta,
ponse a trabayar la xente 
n´aquella tierra dorada
d´espigues de  trigu moru,
de parrin y algo d´escanda.
Los mozos a les orilles
cueyen cada mesoriada
de trigu, que el mesmu Xuan
con tal manexu se plasma.
Dos van con cada macón,
que lleva ´rriba ´filada
una foceta pequeña,
que val pa´ cortar la paya.
Detrás vienen les mocines
pelucando lo que caiga,
o les espiques, qu´abaxo
el coyedor non repara.
Lleva ´spigues al macón
un rapaz o una rapaza,
qu´anda mudando les goxes 
e´nes qu´el mandil descarga
co´les espigues, la moza
con un refundiu, qu´encanta.
Canten les moces, y griten
los mozos,  con una traza
qu´hasta los vieyos, s´ allegren 
sintiendo tant´algazara…….
Echen a correr dos mozos
per ver cual  gana l´astaya,
pero cuerren de igual modu,
nengún lleva la ventaxa,
y güelven con dos espigues
a un tiempu, mentes que canta 
una rapaza morena:
-“¡Válgame la Soberana,
cuando se siega la yerba
tamién se siega la paya.”-
Voces, cantos, ixuxús
güelven a oyise na Faza,
cueyen  con rumbu mentanto,
dexándola despachada
antes de que el sol s´escondia 
per detrás de la montaña.
… …. ….. ….. ………
Ya ´tá  cenando nel campu
toda l´andecha sentada,
los mozos  formando cuercu,
les moces en fila llarga,
los vieyos todos en grupu,
comen arroz y cuayada,
fabes, patates y arbeyos
rebozadinos en grasa;
comen con  ello panchón
o sabrosu pan d´escanda.
Al acabase la cena,
faise de prontu la danza
y el baile  a estilu del pueblu,
hay  dangún mozu, que canta
y hay moces que ni un momentu
dexen de cantar con gracia.
Al escurecer del todu,
como al fin  todo s´acaba,
cuando la noche ya llega
y se ve que el día  marcha,
tamién s´acaba l´andecha 
con so cena y con so danza.
Dangunos mozos ´compañen
a les moces hasta casa,
otros, vánse pa´la suya 
pa marchase pa´la cama 
por que tienen que dormir
pa´salir pe la mañana
tempranín, pa´ segar yerba,
y  entamar a segar paya
Y allá pe la carbayera
de monte, ´l  ecu arrestaña
de les cántigues del mozu,
que s´acerca  a la quintana,
o de les moces, que güelven
contentes a la barriada.
Pe la aldeína del alma. Fernando Antonio García Menéndez. (1916-1925).-



Por las calles de Madrid      se pasea una romera,
el rey que la vía yir sola     se bajara  a hablar con ella-
-¿Ónde vas tú, romerita,      tan sola por esta tierra?
-Voy  a Santiago de Galicia    a cumplir una primesa
que me han dejado mis padres     cuando era nena piquena.
-Déjese usté de eso, siñora,        ven a comer a mi  mesa.
-No lo hiciera yo, non,                por cuanto nel mundo hubiera.-
Se marchó el buen rey pa casa,       más triste que noche negra,
Mandara poner la mesa,            bindita cosa comiera;
mandara escancia ´le vino,    bindita gota bebiera.
Le preguntó un paje suyo         por qué tiene tanta pena,
si es por madre, si es por madre      si es por gente de su tierra.
-Ni es por padre, ni  es por madre,     ni es por gente de mi tierra,
es por una romerita      que no he visto otra como ella.
Si me la fueras a buscar     antes que ninguna cosa fuera.
-Diga, diga, el buen rey,               dígame qué señas lleva.
-Lleva saya sobre saya    y un jubón de rica tela,
lleva zapato pegado       y la media de seda 
y una capa toledana       mejor que la de la reina.-
´Char a andar el paje suyo      camino de Sierra Morena,
la encontró tomando el fresco    debajo de una olivera,
-¿Dónde vas tú, suldadito,   tan solo por esta tierra?
-Vengo por mandato de mi amo,     que vayas comer a su mesa.
-Dígale usté al buen rey,
si él es rey de sus vajacius,  yo soy reina de cielo y tierra.
-¡Valgales Dios a los hombres,   qué trabajo Dios le diera!,
cuando viene una moza guapa    todos se enamoran d´ella.
Poesía popular de Asturias (1888-1889)
Red de museos etnográficos de Asturias.-

Doña Arbola
Estándose Doña Arbola-sentadita en su portal,
guya d´oro, -cosía en un cabezal.
Entre puntada y puntada,-dolor de parto le dá;
sus manos blancas retuercen,-sus anillos quiéen quebrar;
-¡Oh, palacios los palacios,-palacios del Valledal;
el Rey mi padre  vos fizo-quien fuera parir allá!-
Allí llegara la suegra-(¡Más  valiera nao llegar!(
-¿Tú que tienes, Arbolita,-que así non solías estar?
Doña Arbola, -¿quiés parir?-Ve parir al Valledal;
allí tienes padre y madre-que de tí se dolerán,
allí tienes tus hermanos-que al niño  bautizarán.
-¿Y  si mi Don Morcos viene,-quién le dará de cenar?
-Yo le daré del mi vino,-yo le daré del mi pan;
de la caza que él trujese-mandaréte la mitad;
de la perdiz algo menos,-de la palomba algo mas.-
A eso de la media noche-da Don Morcos en portal,
-¿Dópnde está mi espejo, madre, -donde me suelo espejar?
-¿Qué espejo quieres, mi fijo,-el d´oro o el de cristal?
Si quieres el d´azabache-tambien  lo dir he a buscr.
-Non quiero, madre, el de oro- nin tampoco el de cristal,
¿Dónde está mi esposa Doña Arbola?,-que es mi espejo natural?
-La tu esposa Doña Arbola-en fuego deben quemar;
dolor de parto sintiera-fué parir al Valledal.
A mi tratóme de puta,- a ti de hijo de rufian.
-Ensilla el caballo, mozo, -que la quiero dir busar.-
Sin detenerse un momento-fuese para el Valledal.
Siete vueltas dió al palacio-sin hallar por donde entrar;
el viejo padre de Arbola-asomóse  a un ventanal;
-Albiricias vos doy, Don Morcos-que un fijo varon tien ya.
-Tenga varon, tenga hembra,-que se baje para acá;
e si mandar se lo vuelvo-ha de ser con mi puñal.
-Si muere por el camino,-tú ante Dios responderás.-
Arbola, desque lo oyera-de la celda donde está,
besando al recién nacido,-comenzara a suspirar.
Sin detenerse un momento,-bajóse luego al portal;
la cogiera  entre sus brazos-tiróla encima el ruan.