San Román- Villa y San Miguel (Piloña)
| Escenas pastoriles A las siete de la tarde comienzan a llegar centenares de cabras y ovejas, y se suben al cueto que hay en el centro de la majada. Las cabras se acercan a las pastoras y toman de la salera especie de petaca de sayal un bocado de sal, y se retiran lamiéndose. Comienza al ordeño. Cuando las pastoras están ordeñando, si se acercan a ellas alguna cabra en busca de más sal, le escupen en el hocico, lo cual le produce un efecto desagradable, la hace estornudar y se retira para no volver... Los últimos rayos de sol se apagan en las altas cumbres. La noche se va extendiendo sobre la fresca majada, y las estrellas empiezan a parpadear en el profundo azul del cielo. La joven pastora, dueña de la cabaña donde me hospedo, entró y me dijo: - Ahora voy a preparar para V. y para mí una cena de pastores. Encendió el fuego con leña de haya, remangó los brazos hasta los codos, y en una fuente amasó harina de maíz con agua y un poco de manteca fresca. Cubrió la presuga con un paño blanco, sobre el cual colocó la pasta, le dió palmaditas hasta formar una torta alargada. Puso la torta al fuego sobre el tornero ingrientu, y con una varita golpeaba de vez en cuando. La pasta adquirió hermoso color dorado. - Ahora, voy a hacer unos fritos que va V. a chuparse los dedos con ellos. Después no vendrá mal una tortillina. Cortó unas tajadas de pan, las empapó en leche y las frió con manteca. Luego envolvió el reyu y coló la leche por él- Ya está la cena. Torta caliente; fritos de pan; una tortilla de huevos leche y queso ¡A cenar!. La luz de un candil alumbra suavemente la cabaña. La pastora colocó los platos en un banquito cubierto con un mantel; nos sentamos en sendas tayuelas y cenamos con buen apetito la modesta cena, durante la cual me pareció que estábamos representando una escena e una novela pastoril. Luego de cenar paseo por la majada en compañía de los pastores.- |
Malatos En el siglo XII, se estableció en El Cañanal, a 4 km de Llanes en dirección Oeste en términos de la actual parroquia de San Roque del Acebal, una Malatería, u Hospital para leprosos. Esta del Cañamal, figura con el número cuatro de las establecidas en Asturias. Todavía queda hoy algún paredón medio derruído del hospital de San Lázaro del Cañamal. Cuando venían apestados de otros lugares, no acudían por el camino real, sino por el sendero de los malatos. También usaban una fuente "la de los malatos", de la que servían para beber y para hacer sus curas. Los siglos XIII y XVIII había en Asturias treinta malaterías, distribuidas por toda su geografía. Curiosas y muy rígidas debieron de ser las Ordenanzas por las que se regían estas malaterías. Los internados seguían un régimen de vida conventual, y las disposiciones relativas al aislamiento para evitar la propagación del mal fueron muy estrictas. Las Ordenanzas municipales de Oviedo del año 1274 son un claro testimonio de la severidad en este sentido. Llega a castigarse con la muerte a los malatos que reincidiesen en la infracción de las prevenciones sanitarias establecidas. La Malatería del Cañamal, una de las más antiguas de Asturias, deja de existir a principios del siglo XVI, coincidiendo este tiempo con la fundación de la "Malatería de Santa María Magdalena" en Ardisana, que llegó hasta finales del siglo XVIII. Otra Malatería muy importante fue la de Vallobal, llamada "Real Hospital de San Lázaro de Vallobal". En ella se recogían los enfermos de Piloña y también algunos de Parres y Colunga. Tiene tal hospital acreditados más de 500 años de servicios. La renta mínima pedida para el ingreso era de un copín de pan anual, que, aunque se hacía a perpetuidad en la práctica sólo quedaba para siempre en la malatería en el caso de que el enfermo falleciese en ella. Algunos enfermos curaban y volvían a sus casas; otros marchaban medio curados y volvían a reingresar después, y otros fallecían en el Hospital. Los Malatos de Vallobal no salían corrientemente a mendigar. Sólo en los casos en que los alimentos escaseasan salían a pedir limosn con su lámpara y su campanilla. Después de desaparecer la Malatería, seguían colgadas de las ramas de los árboles de los alrededores, en los cruces de caminos, ya de a pie o de carro, unas capillitas u hornacinas, puestas allí no sé si para que los malatos que se detuvieran a rezar, o para que rezasen los caminantes que pasasen por allí. Estas capillas se perdieron cuando aquéllos caminos de carro pasaron a ser carreteras. Cerca de Vallobal existe un pueblo llamado "El Mortuorio" Este pueblo nació en lo que era tan sólo una casa adonde traían a los enfermos de la Malatería que estaban en muy mal estado, y los traían a morir en ella. |
ellos aparece una decoración muy característica y definida que denominamos -estilo Villaviciosa- Los hórreos de esta época son de planta cuadrada y tamaño medio, oscilando sus lados entre cinco y seis metros; las cureñes, paredes del hórreo, tienen madera del tamaño apropiado para estos menesteres era dificultosa y solían aprovecharse los tueros (troncos) huecos de castaño, que precisaban un tratamiento especial de secado, consistente en enterrarlos ya trazados siete años en llamargales (cenagales); transcurrido este tiempo se retallaban.
La escuadra de las vigas es muy uniforme: las inferiores o trabes miden de 40 a 50 cm, de alto y las superiores o linios 36 cm. El piso de estos hórreos está formado por gruesos tablones: son las pontes. Los pies o pegollos, son sin excepción, de madera y de gran altura, cercana siempre a los 2 m, lo que les hace muy esbeltos. Nunca apoyan estos pies sobre un murete o piso, sino que salen directamente del suelo, aislados de la humedad del terrno por una losa encajada en él. Separando les pegolleres o muebles, que si hoy en día son en su mayoría de piedra arenera (arenisca) en su origen también eran de madera, como se puede apreciar en buen número de hórreos que aún conservan las viejas muelas de madera.
Arte y artistas populares en los hórreos y las paneras de Asturias. Hórreos con decoración tallada del estilo Villaviciosa. Armando Graña García. -
Estos hórreos son de un modelo muy definido y dimensiones uniformes: tamaño medio, con lados entre 5 y seis metros. La decoración utiliza dos técnicas, la talla y la pintura, siendo carcterístico de ambas el uso de una prolija ornamentación que se plasma en los linios y en menor medida en las tablas de la pared. Los motivos utilizados son en su gran mayoría pequeños diseños geométricos agrupados en series que llenan por completo la superficie alargada de esos linios. Cuando se emplea la pintura suelen ornarse los cuatro linios; si es la talla sólo se trabajan uno o dos, siendo siempre uno de ellos el del costado donde se abre la puerta principal, que se resalta mediante un arco.
Otros de los elementos que se decoran en la parte superior del hórreo son los sobrelinios y las cabezas de linios: los primeros aparecen pintados, o con su canto inferior tallado con “dientes de sierra”; los segundos poseen formas variadas constituyendo en algunos hórreos su único detalle ornamental.-































































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