Camino de Felechosa- Cuevas

Textos:
-Camín de la feria.
-Breves consideraciones sobre los Bancos agrícolas, Montes de piedad y Cajas de Ahorros.



Camin de la feria 
Güenes tardes Lin de Lón.
-Tenles felices Andrea.
-¿De onde vienes tan tardi
Y con esa talanquera?
-Vengo… vengo… ¡qué preguntes!
De les feries de Naveda; 
De aquel pueblu tan benditu
Onde paez que s´encuentra,
La mejor sidre d´ Asturies,
La flor, la ñata, la reina
De les moces asturianes,
Como diz Teodoro Cuesta.
Ella vive la alegría,
Porque morrió de tristeza, 
Y sobre tou cuando Inacio
Y Manuel de la tienda, 
Se ponen xunta un tonel
A cantar la “Madalena”,
Xuro que non queda un hombre
Que no azote la montera
Y diga: el añu que vien
To golver aquesta feria.
Y si non fora qu´ esti añu
Regolviose polvorea
Que fixo llorar los güeyos
Por echar los ciescos juera
Y non dexaba derechos
Los bolos de la bolera,
Apuesto que non habría 
En Asturias mejor feria.
-Güeno pos vamos cenar,
Si quies comer algo, entra
-¿Entrár á comer? ¡San diez!
De seguru no estás güena,
¡¡Mia que panza!!.. tou é gallu,
Xamón  y arbeyos con lluenga,
Que nos vació ´na cacia 
Pilar de la carretera,
Que por ciertu estaba güenu
Como tou lo que s´arregla, 
En casa de mió comadre
Encarnación de Naveda.
-Vaya, pos non te descuides
Que la noche lluego allega.
-Tienes razón, pero dimie.
Una moza  sandunguera
Con piernes como pegollos
Que subió aquesta escalera,
¿Sabes si me quedrá ´miu?
-¿Querete á ti calavera?
¿Non sabes qu´estás casau?
-Non me acordaba siquiera.
Pos vé con Dios Lín de Lón,
Que te vaya bien Andrea, 
Y non digues que á tal hora
Andaba yo per Piñera,
Nin que á casa del Raposu
Voy tomar una botella,
Que si lo sabe Casilda,
Dicilo á la mió costiella,
Y entós será la mió cama
El andín la carretera.
Lín de Lón. 
El Eco de Cabranes. Santa Eulalia de Cabranes 25 de Julio de 1908.-Nº 54.-

Breves consideraciones 
Sobre los bancos agrícolas, Montes de piedad y Cajas de Ahorros.
Por causas de todos conocidas, y cuyo examen nos apartaría demasiado del especial objeto que al escribir el presente artículo para la Ilustración Gallega y Asturiana nos hemos propuesto,  los labradores gallegos y asturianos, tan honrados como laboriosos y sufridos, viven pobremente, rodeados de las mayores privaciones, trabajando mucho, gozando poco, y sin poder realizar la mas insignificante economía. Así que una gran parte de ellos, cumpliendo como buenos, después de pagar la renta y las contribuciones, que son ya para todos insoportables, quedan sin recursos, sin amparo ni protección, viéndose por lo tanto, obligados á pedir préstamo hasta los granos que la sementera imperiosamente reclama; y como los propietarios, unas veces no quieren y otras no pueden proporcionarlo, porque también sobre ellos pesan las abrumadoras exigencias del Fisco, resulta que, á la fuerza, por ineludible necesidad, tienen que apelar en sus apuros á los prestamistas, de oficio ó de afición, que suelen ser peores, y presos en sus redes, obligados a pagar exorbitantes intereses -el 30, 60 y 100 por 100- se recargan con una nueva renta, incomparablemente mayor que la que á los dueños de las fincas corresponde, y llegada la época de la recolección, después de grandes afanes y sobresaltos, encuéntranse poco menos que como al principio del año, y con el dolor de ver pasar la mayor parte del fruto de su laborioso trabajo á las arcas y almacenes de esos explotadores de la miseria, que dieron en llamar usureros, antigua plaga de langosta que asola los campos y dificulta el sostenimiento y la mejora de los labradores, principal sostén de la vida y nervio de los Estados.
Este mal social todos lo reconocen, todos lo sienten,  todos lo combaten; pero al tratar  del remedio,  pocos  son los que le prestan atención, unos por indiferencia,  por apatía otros,  y los más  por desconfianza del éxito. Y, sin embargo,  el remedio es conocido, es eficaz,  es practicable,  y se practica con felices resultados en diferentes países y aun en el nuestro,  necesitándose tan sólo generalizarle y corregirle de los defectos de que adolece.
Dícese  por algunos, que contra los usureros, así del campo como de las ciudades, no hay mejor  preservativo ni arma más poderosa  que la prohibición, y precisamente nuestra opinión es diametralmente opuesta á la de los que la sostienen. En este punto, como en tantos otros,  el derecho está de completo acuerdo con la ciencia económica.  El derecho proclama la libertad del préstamo, fundada en la legitimidad del interés, y por su parte la ciencia económica, apoyada en aquel principio y en los hechos demuestra: que las prohibiciones, cuando no son inútiles, sólo sirven para disminuir el número de los logreros, y por consiguiente para aumentar las inmoderadas exigencias del préstamo, cuyos servicios deben regularse, como los demás con la ley de la oferta y el pedido, ó sea la competencia, que de cualquier modo que obre tiende siempre á producir resultados ventajosos. La Ilustración Gallega y Asturiana.  Tomo II.- Año 1880.-










































































































































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